Todo el día, mi mente perruna piensa en mejoras para hacernos la vida más fácil. Y las muchas ideas que pueda tener, siempre tropiezan con la misma piedra: la dejadez de algunos dos patas, que sólo piden derechos, pero que no asumen sus deberes.
Es más, puede que alguno de de ellos no pidan nada, y que sólo se aprovechen de las infraestructuras levantadas al efecto. Pero que se aprovechen en el mal sentido.
Algún día les mostraré la preciosa vista que se ve desde la casa de mis dos patas.
Muy cerca de allí tenemos la entrada a un parque (o bulevar, ya que incluye varias manzanas). En el parque en cuestión está puesta la famosa plaquita que tanto nos fastidia, pero que informa sobre las ordenanzas municipales de parques y jardines.
Pues bien, entrando, encontramos ésta otra:
¡Qué bien, un espacio abierto (algo más pequeño que mi superparque, pero me pilla más cerquita) para jugar y revolcarme por la tierra!...
...O mejor no.
Pese a la indicación expresa, algunos energúmenos no hacen caso. Y con eso, lo que provocan, es que los poquitos derechos que tenemos los cuatro patas, los perdamos por su culpa. Es un espacio público, pero pretenden que el servicio de limpieza haga lo que COMO RESPONSABLES, tienen que hacer ellos.
Sé que el resto de dos patas poco puede hacer ante esto, aparte de amonestar de forma educada al infractor o de llegar a algo más, mediante la denuncia a la autoridad competente; pero es una pena que nuestros reducidos espacios se vean más reducidos por culpa de unos incívicos que no merecen ningún beneficio, y que encima se quejarán porque no pueden soltar a sus mascotas en otros sitios que no sean estos rediles.
Por cierto, que es verdad que no hay ninguna papelera en el interior del recinto, pero sí hay una a escasos 10 metros dentro del propio parque.








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